Miedo al planeta Sony



Hace tiempo tuvimos la oportunidad de comentar nuestras impresiones acerca de la cena que mantuvieron la ministra de Cultura y un grupo de supuestos creadores. Uno de los temas de conversación de esa cena fue la necesidad de que los usuarios, al menos, sintieran miedo al conectarse. No en vano se la conoce como la cena del miedo, que dio lugar a un post en el blog de Acuarela Libros que tuvo gran repercusión mediática, llegando a la sección de opinión de El País.

Pero vamos a dejar aquel tiempo tan feliz, que Telecinco nos pilla muy lejos. La actualidad manda, y nos manda a Japón, país lleno de misterio y encantamiento, con alucinantes maravillas como el sintoísmo, los Southern All Stars, Matsushima, Haruki Murakami o el raamen, por no hablar del sushi, la geisha de Manchuria o Sony. Podríamos hablar largo y tendido de cualquiera de estos aspectos de la cultura popular de una sociedad del Pacífico que resulta estar cerca del continente asiático, pero hoy le toca de nuevo al miedo y, por tanto, a Sony.

Empezamos por el comienzo.

Video killed a radio star.
Sony tiene miedo

Hace ocho años, la revista Wired publicó un interesante artículo llamado La guerra civil en Sony. Entonces, la compañía japonesa vivía un terremoto en su rama tecnológica porque la musical imponía un férreo control a través del DRM y un absurdo sistema de check in/out de lo que se podía escuchar en los nuevos reproductores portátiles, por miedo a que el usuario llenase el disco duro del aparato de archivos con copyright de Sony compartidos sin permiso.

Esto supuso que una compañía que había revolucionado la manera de escuchar música en los años setenta con el popular Walkman perdiera el mercado de un plumazo frente al omnipresente iPod de Apple, que permite algo tan sencillo como la transferencia de música del disco duro del ordenador al del reproductor.

La PS2 tiene tres puntos débiles ; )
Aquel problema parece una metáfora del actual. Cuando en 2006 Sony lanzó la PlayStation 3, se jactaba de la seguridad del dispositivo. El usuario no tenía más remedio que comprar los juegos, con precios que a veces superaban los setenta euros, para poder utilizar la consola. Eso, si lo comparamos con sus competidoras, como la Xbox 360, que acepta copias si excesiva dificultad, incluso online (gracias, Alejandro), muy en la línea de todo lo que hace Microsoft, o la Nintendo Wii, con sus conocidos chips o las recientes modificaciones por software, fue una mina de oro para Sony y para la industria del videojuego. De este modo, pudo mantener precios absurdos y seguir vendiendo más y más copias, lo que, claro, aumentó su cuenta de resultados, que es el único idioma que entienden las empresas. Y todo sin perjuicio de las ventas de la consola, que lleva ya cuarenta y un millones de unidades vendidas.

Sin embargo, el ámbito digital es muy esquivo, y todo lo que contiene código también tiene ángulos muertos. Sony ya suprimió en el año pasado la posibilidad de ejecutar Linux en el firmware 3.21, lo que no sentó nada bien a los usuarios, que se quejaron de incumplimiento de contrato, ya que compraron la PS3 con esta capacidad, que perdieron con la actualización.

George Hotz.
Cuatro años bastaron a George Hotz, hacker de veintiún años conocido por su habilidad para desbloquear dispositivos (participó en el jailbreak del iPhone), para dar a conocer la forma de saltarse la seguridad de la consola a través de una versión parcheada del firmware 3.55, que puede instalarse desde un pendrive y que hace posible, entre otras cosas, jugar con copias de los juegos desde un disco duro externo.

Sony quiere dar miedo

Pronto llegó la ira de la compañía japonesa, que prometió banear la consola de todo aquel usuario que la usara en modo online con el firmware modificado, por incumplimiento de los términos y condiciones del contrato que se aceptan con la compra el dispositivo.

Cuando ellos retiraron Linux de la PS3 no devolvieron a nadie el dinero por incumplir el acuerdo que aceptaban vendiéndola. En un producto digital, alterar el firmware para limitarlo es un hecho similar a llamar a la puerta del cliente pidiendo, por ejemplo, que devuelva un mando. La impunidad, como siempre, se da en un solo sentido.

La publicación del vídeo Jailbroken PS3 3.55 wint Homebrew en Youtube abrió la caja de los truenos en la marca del vídeo Beta y del Walkman, que tiene vocación de perdedora y quiere perder una tercera batalla con su popular videoconsola. La compañía solicitó al portal de vídeos propiedad de Google, aparte de la retirada del vídeo, la IP del usuario que lo colgó, pero no se quedó ahí. También exigió la identificación de todo aquel que hubiera dejado siquiera un comentario en el vídeo. No solo eso. Sony quiere la IP de cualquiera que haya visto el vídeo. ¿Queréis ser unos felones? Ahí va una muestra:



También exigió los datos de los usuarios que retwittearon el hack de la consola, aparte del disco duro del propio Hotz. Una técnica que, además de una soberana estupidez, ya que va acompañada de una orden del juez de no borrar ningún documento relativo al jailbreak, es muy típica de nuestra querida SGAE.

Sony.
Este mes, Sony ha dado un paso más y ha obtenido la autorización de un juez para conocer la identificación de todos los que han visitado el sitio geohot.com, en el que Hotz publicó el firmware y el código de cuarenta dígitos para romper la seguridad de la consola. Sony quiere saber sobre todos aquellos que saben demasiado, que han mirado donde no debían. Sony se cree el nuevo Gran Hermano, que nos mira desde la pantalla y actúa contra nosotros si hace falta.

Como dice en este momento George Hotz en su sitio web, a Sony no le importa la piratería, sino el control. Quiere controlar un producto que ha vendido incluso cuando ya está en manos de su propietario, que no puede cargar juegos, sistemas operativos ni películas no autorizadas por las férreas medidas de la compañía. El hacker se declara a favor del copyright, del DRM y del bloqueo de los dispositivos, pero también del derecho del cliente a sacarles las tripas, desbloquearlos o estamparlos contra la pared si es preciso.

Incluso la jurisprudencia de Estados Unidos se decanta por la legalidad del desbloqueo de un dispositivo siempre que no tenga como objetivo usar software pirateado (sic.) Sin embargo, a George Hotz no le basta tener razón o ganar la causa contra un gigante como Sony. El problema es que, para poder hacerlo, tendrá que gastarse lo que no tiene en su defensa.

Sony abraza el Lado Oscuro

Es un hecho que Sony tiene miedo a la llamada piratería. Si no, ¿por qué en una cinta Beta no cabía una película de una hora y media? Es más, ¿por qué el disco duro del nuevo Walkman no puede ser gestionado por el dueño del aparato? El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, y el odio lleva al sufrimiento, pero no al del consejero delegado de Sony, sino al del resto de la humanidad:



Sony ha empezado a campar por el camino del Lado Oscuro, y lo ha hecho en un momento muy delicado, en medio de un conflicto que mantiene con LG por dos patentes sobre el modo en el que la consola transfiere los datos desde el Bluray. Esta demanda ha llegado a paralizar la importación de la PS3 en la Unión Europea.

Boicot a Sony

Anoche había una animada discusión sobre qué hacer con Sony en el canal #OperationPayback de irc.anonops.in. Ya sabéis que, a partir del domingo pasado, toda la información procedente de este canal de IRC debe ser sometida a cuarentena. Sin embargo, ya se habla de un boicot a los productos de Sony, y en este blog estamos totalmente de acuerdo. No hay que inflar la cuenta de resultados de una empresa que, movida por la avaricia, tiene la intención de vigilar a todos sus clientes una vez han comprado su producto estrella.


Por eso, y por ahora, lo más lógico es no comprar juegos, música, películas, teléfonos móviles ni, claro, consolas, al gigante japonés. El mensaje debe ser claro. Mientras insista en demandar a sus clientes, Sony no debe obtener beneficios.

El comunicado también nos invita a escribir emails a Sony (infoplaystation@stockuno.net) mostrando nuestra insatisfacción con sus servicios y con sus prácticas ilegales. Es un tema libre como cualquier otro, pero podéis citar los cambios unilaterales en los términos y condiciones del servicio (Linux), violación de patentes (LG) e intromisión en la vida privada de los clientes, entre otros desmanes.

Llamar al servicio de atención al cliente de Sony (902 102 102) con la queja de haber pagado una ingente cantidad de dinero por un hardware cuyas prestaciones han disminuido (Linux) y exigir recuperarlas o la devolución del dinero.

Borrar toda la información personal de la Red de PlayStation (PSN), incluyendo el nombre, la dirección y, sobre todo, el número de tarjeta de crédito.

El fantasma de las navidades futuras.
La famosa máxima de Google, don't be evil, ha hecho que una empresa modesta en un principio haya cumplido el sueño de cualquier supervillano. Google ha conquistado el mundo. Nos preguntamos lo que va a hacer Sony con todas estas demandas contra clientes potenciales. No es muy difícil de saber. Pronto podrán jactarse de tener entre manos un aparato muerto, como el vídeo Beta, la Estrella de la Muerte o el Walkman. Así sea.
¿Eins?

Sobre las animadoras

¿Quién no quiere salvar a una animadora?
    Comentarios

5 comentarios :

  1. Muy Buen post, Sony ya no sabe que hacer contra los hackers.
    Pero tengo que corregiste con lo de "la Xbox 360, que acepta copias si excesiva dificultad (siempre, claro, offline"
    Llevo Jugando 1 año online, claro , contrarestando las malditas actualizaciones que hacen que te comas el coco para poder seguir jugando, pero en fin, 1 año y sin problemas :P
    Xboxers al Poder!!!

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  2. Buenos días. Muchas gracias, señor Gil. Ya lo hemos corregido, citando las fuentes, claro.
    ¡Lucha contra las actualizaciones!
    Gracias otra vez ^^

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  3. Thanks so much, we are all glad, and blushing.

    Save the cheerleader!

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